Muertes esperadas o inesperadas

Aunque suene a manual, no lo es y seguro que tampoco lo es para ti. Probablemente, también te habrás planteado en alguna ocasión pensar y cuestionar todo lo que tiene que ver con la muerte física. A fin de cuentas, somos humanos y, aunque diferentes, compartimos puntos en común, ¿verdad?

A veces me pregunto qué es realmente la vida. No en un sentido filosófico complicado, sino en ese instante concreto en el que te das cuenta de que estamos aquí una sola vez, viviendo físicamente, conscientemente… ¿La vida? Sí, la vida; esa experiencia irrepetible que solo pasa una vez: cuando estamos mal emocionalmente, cuando estamos bien; cuando duele —porque la vida duele—, cuando nos hace gozar —porque nos hace vibrar en positivo—, cuando amamos, lloramos, reímos y nos llenamos de ira, rabia e incomprensión… Todo eso forma parte de esa oportunidad única. ¿No lo has pensado?

La vida no se repite

La vida no se repite; la vivimos ahora y aquí. En este cuerpo y en esta historia —la tuya—, la que quieres proyectar y hacer bonita para ti —y para los demás—, porque, si lo consigues —y se puede—, lo llevarás contigo, y eso es algo maravilloso.

Recuerda que después de la tormenta siempre sale el sol, y tú eres luz.

Cada momento es bello, único y revelador.

La muerte como parte del viaje

Por mucho que nos cueste aceptarlo, la muerte es parte de ese mismo viaje. A veces llega despacito, casi anunciándose paso a paso. Otras veces cae como un rayo y te fulmina, pero, en cualquiera de sus versiones, lo que siempre nos deja la muerte es un silencio que pesa y que, también, duele. Sin embargo, se transforma en calma cuando la abrazamos y la aceptamos.

Me gustaría contarte y compartir lo que he vivido yo. Quizá lo que yo he sentido también resuene en ti y quizá tú también estés intentando comprender eso que no tiene explicación.

Las muertes esperadas

Hay muertes que, aunque duelan, llegan con un aviso. Se acercan de forma lenta, como cuando una persona mayor va apagando su luz poquito a poco, o cuando alguien vive una enfermedad larga, como el cáncer, y sabes —aunque no quieres admitirlo— que esa presencia física un día dejará de estar.

Esas muertes esperadas tienen un ritmo propio. Van marcando el tiempo. Te dejan preparar la despedida, aunque nunca estés listo para ello. Te permiten hablar, tocar, acompañar… simplemente estar y ¡qué bonito es estar! Esas muertes te conceden abrazar y decir lo que no decías cuando la vida iba deprisa y no pensabas en ese momento de partida.

La despedida de mi abuela

Con mi abuela materna me sucedió. Pensaba que estaba preparada para su adiós, pero no fue así. De hecho, cada día la llamaba por teléfono —vivíamos en diferentes ciudades— hasta que, poco a poco, una de las chicas que la cuidaban hacía de representante y me contaba cómo estaba. Ella fue perdiendo las ganas de hablar, de comer, de vivir, de estar…

Esto es tan simple como aceptar el cansancio de los años y los estragos de salud que conlleva el paso del tiempo en una persona, pero yo no lo veía. Mi mente burda no aceptaba verlo.

A pesar de saber que no volvería a dialogar con ella, quería cada día marcar su número y no perder la esperanza, pero siempre eran terceras personas las que me contaban cómo se encontraba.

Ahora pienso que la única que sabía realmente cómo se sentía era ella. Los demás interpretaban y yo recogía esa información.

Acompañar es amar, soltar es sanar

Cuando el amor no quiere soltar

Cuántas veces he pensado: “La abuela está mayor, pero está bien”. Mis ganas de no perderla hacían de velo para no visualizar realmente cómo se encontraba ella… Era un cuerpo inerte y quejoso. No era ni un reflejo de lo que su persona fue en el pasado y, aun así, veía fotos que me enviaban, vídeos y alguna videollamada, pero mi ceguera estaba al cien por cien.

Solo tuvo que trascender para, con el tiempo, reconocer que en aquellas fotos mi abuela no estaba bien y que pensar lo contrario era una ilusión prisionera de mi pensamiento imberbe.

Pues bien, cuando llegó el momento, algo dentro de mí se rompió, porque la aceptación nunca es total antes de la partida. Porque el amor siempre quiere un día más, un minuto más, un respiro más…

El dolor y la gratitud

También he de reconocer que esas muertes, las esperadas, vienen acompañadas de una extraña mezcla de dolor y gratitud. Sabes que la vida tuvo su camino, que hiciste lo que pudiste. Sabes que pudiste acompañar hasta el final y compartir otra etapa de la vida: la suya y la de ambas juntas.

Lo curioso —y duro— es que incluso cuando alguien muere por algo “esperado”, ya sea por longevidad o enfermedad terminal, la muerte nunca deja de sorprender. Nunca deja de doler.

Esto es algo que comprendí con los años. Todos estamos muriendo un poco, incluso cuando estamos sanos, incluso cuando la vida va bien, incluso cuando todo parece a nuestro favor. Pero no lo vemos, no lo sentimos, y es así.

La vida es un viaje hacia dentro y hacia adelante, y el cuerpo es un lugar temporal.

Las muertes inesperadas

Por otra parte, están las otras muertes, las inesperadas. Esas son las que golpean sin avisar, las que te arrancan el alma y te quitan el aire del pecho, las que te cambian la visión para siempre. En estas muertes no existe la lógica, porque no estás preparado para ello. No te permiten despedirte ni te dejan tiempo para decir “te quiero” una vez más, y ahí estamos todos, sin distinción. En cualquier momento puede suceder y, de ser así, nunca estaremos preparados.

El golpe que no avisa

Yo sé lo que es eso. Sé lo que es pensar y sentir que la vida va bien y que esté todo encaminado; que estés respirando con alivio y, de repente, en un parpadeo, sentir que el suelo se abre bajo tus pies y caes en un abismo oscuro y lleno de rabia, dudas e incomprensiones.

Hace tiempo vivimos algo así en mi familia. Operaron a mi madre del corazón, a vida o muerte. Fue una de esas situaciones en las que no sabes si el destino está a tu favor o si todo está a punto de romperse.

Recuerdo esos días con un nudo que aún me aprieta, pero no tan fuerte como por aquel entonces. Recuerdo el miedo, la fragilidad, las angustiosas horas esperando noticias de quirófano…

La pérdida de mi hermano

Todo salió bien y, yo diría, que mejor de lo esperado. Pudimos respirar y pensar: “Ya ha pasado lo peor”. Fue un verdadero milagro en forma de regalo, y sigo agradeciendo que pasó como tuvo que pasar, aunque tres semanas después perderíamos a mi hermano mediano y mi madre tuviera que afrontar la pérdida de un hijo aún estando convaleciente de aquella crítica operación… Demasiado duro para ella, para mí, para todos…Demasiado…

Una realidad que cambió mi vida para siempre (esta imagen ha sido creada con IA).

Un antes y un después

Justo cuando parecía que la vida nos había devuelto la calma y comenzábamos a remar, a planificar, a vivir con tranquilidad, mi hermano apareció muerto en su casa, y yo fui una de las que lo encontró… Un shock del que cuesta remontar, pero con intención, fuerza y valentía se consigue transformar. Os lo aseguro, yo lo he conseguido. Si a ti te sucediera algo similar o ya te ha ocurrido, ¿por qué no ibas a remontar? ¿por qué no vas a luchar por ti? Recuerda lo bonita que es la vida, la tuya…

Un infarto a los 42 años es algo muy complicado de digerir. No hay señales previas, ni tiempo, ni avisos. De hecho, estuvimos juntos un par de días antes, tomando unas cervezas y hablando de lo bien que estaba nuestra madre. Parecíamos dos héroes victoriosos sin saber el presagio que llegaría 48 horas después.

Esa experiencia me ha demostrado que lo único que es real es el momento presente, sea bueno o malo, y que hay que aprovechar la vida tal y como viene, porque nos puede suceder como lo que le ocurrió a mi hermano.

De hecho, él acababa de salir de una fase complicada emocionalmente y era cuando mejor se encontraba… No hay palabras para describir cómo te sientes cuando te enfrentas a una muerte inesperada y, sobre todo, en mi caso, cuando tienes que decirle a una madre que su hijo ha muerto… Este ha sido, a día de hoy, el peor episodio de mi vida y el momento más crítico a nivel emocional. He pasado por muchos momentos desfavorables, pero, sin dudarlo, este capítulo de mi vida se ha llevado el palmarés.

Nunca vas a pensar que una persona joven se adelante a la muerte de una madre y de una abuela porque la nuestra —la que despedimos dos años después de la muerte de mi hermano— también sobrevivió a un nieto. Parece que eso no va a ocurrir, pero así fue…

Lo que la muerte me enseñó

En ese momento entendí algo que nunca me había planteado antes:

No podemos luchar contra ella.
No podemos controlar quién se marcha antes y quién después.
No tenemos capacidad de elegir.
No importa si la vida parece estable.

Lo único que podemos hacer es mirar hacia dentro, respirar, aceptar y comprender más allá de la resignación. No somos dueños de nuestra vida; estamos de paso y tenemos el don de tener este privilegio: nacer, vivir y, con ello, morir.

Sanar el duelo

Cuando viví aquella pérdida sentí que no iba a poder recomponerme, pero, poco a poco, desde mis propios fantasmas, he ido aceptando y madurando esta etapa. La música y la escritura han sido y son parte de mi sanación y, ahora, he añadido el yoga y la meditación. Todas estas experiencias y actividades se han convertido en una herramienta valiosa para todo lo que ha sucedido y sucede.

Volver al cuerpo

Volver al cuerpo cuando la mente se descontrola es un acto de supervivencia. No porque te quite el dolor, sino porque te permite sostenerlo sin perderte, haciéndote consciente de ello.

El yoga como sostén

El yoga me enseña a quedarme en mí cuando quiero huir.
Me enseña a respirar cuando todo es un vacío.
Me enseña a honrar la vida aunque duela y, a veces, no me guste lo que me lanza.
Me enseña que aceptar no es olvidar, sino comprender sin destruirte.

He comprendido que, aunque parezca imposible, aceptar la partida de alguien es también una forma de amarlo, una forma de reconocer que su camino ya no continúa aquí, aunque siga dentro de ti.

El yoga es una medicina natural para ser tomada.

Escribo esto porque, como ya he comentado, escribir, para mí, es parte de mi sanación y compartirlo es todo un regalo. Cuando compartimos, nos aliviamos y empezamos a reconstruirnos sin darnos cuenta. Quiero invitarte a que tú también lo hagas si has pasado por alguna experiencia complicada relacionada con la muerte, esperada o inesperada. Me gustaría saber cómo lo llevas, qué no has superado y qué has aceptado.

En YogaZenior te abrimos un espacio para la expansión de tu SER y para que puedas respirar contigo mismo, sin juicios ni vendas que hacen que tu experiencia, ya dura de por sí, sea aún más complicada…Este es tu espacio…

La vida merece ser vivida

La muerte puede ser un resurgir, pero para ello hay que encontrarnos y sacar todo lo que nos pesa, todo lo que nos duele, todo lo que no comprendemos. Estoy aquí para leerte, para abrazarte o simplemente para estar a tu lado.

La vida merece ser vivida, incluso cuando duele. No tengas miedo y abre tu corazón. Si a mí me ha funcionado, ¿por qué a ti no?

Gracias por leerme.

 

El gurú atípico

El gurú atípico

A veces creemos que los guías espirituales aparecen vestidos de blanco, con túnicas vaporosas, con barba larga, tatuajes místicos o una mirada perdida en la eternidad. Creemos que para sanar necesitamos encontrar a alguien que parezca un gurú como los sadhus de la India…Ponemos tantas expectativas que al final la vida nos sorprende porque el […]

Yoga al natural, una experiencia única y reveladora

Yoga al natural, una experiencia única y reveladora

A veces pensamos que el yoga necesita un lugar y un momento perfecto pero cometemos un error. Nos imaginamos una sala silenciosa, un mat impecable, la ropa adecuada, la música exacta, velas, incienso y aromas embriagadores…No te voy a engañar, todo eso ayuda y es muy placentero, pero si te soy honesta, el yoga vive […]

Muertes esperadas o inesperadas

Muertes esperadas o inesperadas

Aunque suene a manual, no lo es y seguro que tampoco lo es para ti. Probablemente, también te habrás planteado en alguna ocasión pensar y cuestionar todo lo que tiene que ver con la muerte física. A fin de cuentas, somos humanos y, aunque diferentes, compartimos puntos en común, ¿verdad? A veces me pregunto qué […]