A veces creemos que los guías espirituales aparecen vestidos de blanco, con túnicas vaporosas, con barba larga, tatuajes místicos o una mirada perdida en la eternidad. Creemos que para sanar necesitamos encontrar a alguien que parezca un gurú como los sadhus de la India…Ponemos tantas expectativas que al final la vida nos sorprende porque el universo es mágico e imprevisible…
Y a mí me ha pasado eso. La vida me colocó enfrente a un maestro que no se ajustaba a lo típico que creemos cuando hablamos de maestros de Reiki, sanadores o canalizadores.
El mío llegó en forma de compañero de trabajo. Así, sin más. Sin incienso, sin mantras, sin ceremonias…solo él; un tipo normal, sencillo, discreto y educado porque es cortesía natural lo que emana de su SER. Cero extravagancias e indumentaria casual.
Un maestro que no encaja en lo que esperamos
Cualquier persona que tope con él, jamás pensará que detrás del escenario se esconde un hombre con un don muy particular; sumamente mágico y especial pero, precisamente, eso es lo que hace que la vida—la mía—, me sorprenda para bien, para avanzar…Con él siento que siempre me levantaré aunque tropiece miles de veces.

Un gurú sin apariencias ni disfraces
Yo lo llamo mi gurú atípico porque realmente lo es. No encaja en lo que creemos cuando hablamos de un maestro espiritual. Por preservar su nombre, vamos a llamarlo MISTER REIKI, porque también es maestro de Reiki, aunque él prefiere no etiquetar las prácticas…Eso me dijo en uno de los encuentros que tuvimos antes del diagnóstico que casi deja inmóvil la parte izquierda de mi cuerpo.
¡Qué especial es esta persona y cuánto amor siento por él!
Ver más allá en medio de lo cotidiano
Todo empezó casi sin querer. En un ambiente como el nuestro —turismo, prisas, clientes, horarios, imprevistos constantes— es difícil imaginar que alguien pueda tener la capacidad de ver más allá entre tanto ruido. Pero él lo hacía. Sin esfuerzo. Sin pretensión.
Al principio creí que solo era un compañero más, de esos con los que coincides y hay sintonía pero no proyección como casi con la mayoría de ellos.
Al final, la vida es un libro en blanco y con él he escrito uno de los capítulos más bonitos de mi vida: mi despertar espiritual.

De compañero a pilar emocional
Mr Reiki se ha convertido en un pilar muy importante: me escucha —miles de veces— aunque sea iterativa en ciertos asuntos emocionales; me habla, me da tortazos en forma de consejos,necesarios para mi expansión…
Es una de las personas que más me ha abierto lo ojos cuando he estado ciega y, eso, aunque practique yoga y meditación, creerme que me pasa muy a menudo.
Volviendo a Mr Reiki…Es una persona con buena intuición, alguien con una energía bonita. Pero con el tiempo me he dado cuenta que existe algo más profundo en su ser. Algo que yo no sabía nombrar en ese momento, pero que sentía, y que empezó a acompañarme en mi propio camino de sanación.
Él me veía a mí y cuando digo esto me refiero a un más allá de mi faceta profesional, de mi humor de ese día o de mi forma de actuar…
El don silencioso y la conexión inexplicable
Veía mi interior, con mis carencias y mis logros; mi tristeza y mi bienestar, veía y ve absolutamente todo.
Parece un cuento, ¿verdad?
Pues no lo es, créeme que no…
Lo más curioso de todo es que tiene un don que no presume —aunque debería— pero es tan sencillo que eso le engrandece más aún: es capaz de canalizar información de personas que ni siquiera conoce.
A veces hablamos de seres queridos míos, de momentos de mi pasado o de emociones que no he sido capaz de verbalizar, y él las capta con una claridad que asusta un poco aunque al mismo tiempo, da paz.
¡Qué maravilla!
Con él no hay rituales, ni herramientas, ni escenarios espirituales, sólo hay él y su energía que hace que se conecte a un nivel que se escapa de todo razonamiento.

Cuando la conexión trasciende la lógica
Lo más mágico y de locos es su conexión conmigo. ¿Sabéis que me escribe justo cuando me encuentro mal o pienso en él?
Así es aunque parezca mentira.
Yo puedo estar en un día gris, revuelta por dentro, intentando respirar hondo para no perderme a mí misma…
y zas: un mensaje suyo preguntándome
“¿estás bien?”.
Como si nuestra conexión atravesara el pensamiento.
Como si él escuchara mis silencios, incluso cuando no digo nada.
¡Increíble!
Me ha pasado tantas veces que ya he dejado de buscar explicación. Al principio pensaba en coincidencias pero ahora solo pienso en conexión y en un regalo que la vida me ha dado…
De hecho, en muchas ocasiones le desafío en modo jocoso y empiezo a pensar en él y no tarda en aparecer un whatsapp suyo en mi cuenta.
Los verdaderos guías no siempre lo parecen
Su forma de hablar, su manera de observar —sin juzgar—, su sabiduría —sin ego—, su presencia —sin pretensión—, sólo él mismo y no hace falta más.
Ser, sin hacer
Es fascinante ver cómo alguien puede dedicarse a una profesión completamente terrenal, y aun así sostener una sensibilidad tan profunda. Por eso lo llamo el gurú atípico: demuestra que no necesitas un título, ni túnicas ni etiquetas para ayudar a sanar a otros.
Tu don te encuentra.
Tu misión te encuentra.
Y tú solo tienes que ser fiel a ti.
Gracias a todo esto, me ha acompañado en partes de mi camino que antes recorría sola.
Ahora, después de tantas conversaciones, tantas señales y tantos momentos compartidos, sé que algunas almas llegan a tu vida para recordarte quién eres.
Él es una de esas almas y por eso necesitaba escribir esto: para honrarle, para agradecerle y para reconocer que los verdaderos guías no siempre tienen apariencia de maestros espirituales.
A veces son personas comunes que llevan una luz extraordinaria.
Gracias Mister REIKI

¿Has tenido un gurú atípico en tu vida?
Me encantaría saber si has tenido un “gurú atípico” en tu vida; ese alguien que ha aparecido de repente y te ha acompañado sin etiquetas, sin títulos y sin pedir nada a cambio…No te cortes y cuéntame.
Compartir nos une
Compartir estas experiencias nos une, nos humaniza y nos hace crecer. Únete a YogaZenior si quieres seguir profundizando en tu camino interior junto a esta comunidad que, como tú y como yo, está aprendiendo a ver la luz en los lugares más inesperados.
Gracias por leerme